EL PRINCIPIO DE LA HISTORIA

Para poneros en situación tengo que empezar por el principio de mi historia. Hace unos casi cuatro años que mi vida era totalmente diferente a la vida que tengo en la actualidad, pero ocurrió un “suceso” que cambió mi vida completamente.

El “suceso” concretamente es familiar, es decir, con mis padres. Se supone que los padres son las personas que han estado ahí desde tu nacimiento, apoyándote, dándote amor, comprensión, cariño, ayuda en los momentos que la has necesitado, acompañándote en tu transición de niño-adolescente-adulto, etc., ¡bien, pues los míos no! Mis padres se divorciaron cuando yo era muy pequeña. Mi madre es la típica mujer que tiene complejo de Peter Pan (no digo que tiene el Síndrome de Peter Pan, porque jamás ha dejado que ningún psicólogo la psicoanalice, faltaría más), pero puedo deciros que es inmadura, irresponsable, dependiente, tiene negación al envejecimiento, etc. y también tiene que tener algo relacionado con la bipolaridad, ya que un día podía estar mega feliz y al día siguiente triste o cabreada. Mi padre, una vez se divorció de mi madre, invirtió todo su tiempo y dinero en joder a mi madre, e indirectamente a mí. Con esto que acabáis de leer podéis imaginaros mi relación con ellos, mi relación con mi madre era de una amiga cuando la encontrabas en sus días buenos, y de una desconocida cuando la encontrabas en sus días malos, pero jamás la he tenido como madre. Mi relación con mi padre ha sido puramente económica. En fin, llegó un momento de mi vida que mi relación con mi madre se había hecho insostenible y “la señora” (porque a raíz de esto dejó de ser mi madre) decidió que no quería que viviese más en su casa, así que acabé mudándome con mi chico. Para mí fue una decisión muy dura que no fue de la noche a la mañana, sino que llevó un duro proceso de peleas, discusiones y más cosas duras de las cuales pongo puntos suspensivos o el típico pitido que se pone en las series cuando aparecen insultos. Tras este “suceso” que llevó a dejar de hablarme con “la señora” caí en un pozo, del cual no encontraba salida posible.

Después de estar un año con depresión, perder a casi todas las “amigas” (eso no eran amigas, eran personas que pasan por tu vida en un momento determinado, pero que realmente olvidas fácilmente porque se esfuman como el viento) y engordar sin darme cuenta unos 40 kilos (¡Sí, 40 kilos! Se dice pronto ¿verdad?, y también se ganan rápidamente, pero perderlos ya es otro tema…), decidí salir del pozo en el que me había metido. ¿Cómo lo decidí? Pues yo no era feliz, jamás me había visto en esa situación, me miraba al espejo y no me reconocía ni física ni personalmente, era otra persona, así que decidí que tenía que recuperar a la persona que era antes.

A partir de aquí empiezan mis casi tres años de lucha que llevo. Empecé primero que nada por lo emocional, pedí cita para hablar con un psicólogo por la seguridad social. Claro, cual fue mi sorpresa que para poder hablar con un psicólogo primero tienes que ir a hablar con un psiquiatra. Me llaman para que vaya unos meses después (vamos que si hubiera sido una depresión de querer suicidarme, a día de hoy estaría muerta porque la rapidez de la seguridad social es famosa) a donde Cristo perdió el gorro, y entro en una de las muchas consultas que habían con una mujer de unos treinta y algo años. Me dice que le cuente que es lo que me ha llevado hasta allí, le cuento que la ansiedad que tengo por la cual me da por comer. Me pregunta que a que se debe mi ansiedad y empiezo a contarle todo. La mujer no tenía palabras y su cara de asombro era un poema, me empieza hacer preguntas para cerciorarse de que lo que está escuchando es real, porque la mayoría de gente que le cuento con detalles mi relación con mis padres no se la cree. En fin, muy atenta conmigo, me dice que cada seis meses tengo que ir a que me controlen el peso y la ansiedad, que me va a dar unas pastillas muy flojitas para la ansiedad y otras para dormir. Salgo de allí y digo yo no quiero pastillas, yo quiero solucionar mi ansiedad de manera natural, hablando, desahogándome y con un profesional que me ayude, así que decido no volver, aunque la mujer me pareció muy maja.

Al descartar el psiquiatra de la seguridad social, decido centrarme en mi perdida de peso y empiezo una dieta, pierdo peso, me estanco, me deprimo, vuelvo a engordar, empiezo otra dieta, pierdo peso, me estanco, me deprimo vuelvo a engordar… así bastantes dietas, así que me decido a visitar a un endocrino. La endocrina que me atiende es una chica muy joven, acabaría de terminar la carrera, sustituta de la doctora que me toca a mí. Me atiende muy bien, pero acaba dándome la dieta que le dan a todo el mundo, te sobren 10, 20, 30 0 40 kilos, da igual, siempre es la misma. Durante este tiempo que me centro en mi perdida de peso, empiezo a tener sangrados la semana antes de la regla, que la verdad me asustaron bastante, con lo cual visito a mi ginecóloga privada, luego a otra ginecóloga de la seguridad social, luego me mandan a planificación familiar, luego otra vez a la ginecóloga, sin ningún resultado y con una atención pésima (el tema ginecólogos lo explicaré en otro post más detalladamente ya que es tema SOP). Al final acabo dejándome las pastillas anticonceptivas que llevaba tomando durante cinco años, porque mi chico y yo decidimos que es el momento de buscar un bebé, pero deja de bajarme la menstruación durante un año.

Bueno, llego un punto que veo que ha pasado un año y pico, que mi vida sigue igual pese a que he luchado por cambiarla, así que hablo con mi chico y le digo que yo no puedo seguir así y que tengo que buscar un psicólogo y un nutricionista privado y una ginecóloga que me haga caso. Mi chico me dice que si eso me va a hacer feliz y va ayudarme a cambiar mi vida, que me apoya. Busco en Internet psicólogos, claro yo no quería un psicólogo cualquiera, quería una mujer, de mi edad más o menos y barata (nada complicado ¿verdad?), después de mucho buscar encuentro a la psicóloga que encaja con el perfil que yo busco. Con el nutricionista tuve más problemas, el primero al que fui, era un hombre muy mecánico, que no escuchaba cuando le hablaba, que se notaba que lo que te decía se lo había aprendido de carrerilla y se lo soltaba a todas las pacientes como un papagayo. La dieta era una muy restrictiva, que también le daba a todas las pacientes, lo bueno es que iba acompañada de mesoterapia. las dos primeras semanas perdí tres kilos, pero las dos siguientes, haciendo totalmente lo mismo, engordé un kilo. Con lo cual me dijo que mientras no me bajase la menstruación no iba a ser capaz de perder kilos y que dejase de ir y gastarme el dinero tontamente (por lo menos fue honesto). Visto lo visto, y que la dieta no era nada personalizada, decidí ir a otro nutricionista, en este caso una mujer, una vez me hubiera bajado la regla.  Ahora estoy en este punto de mi vida y os iré contando como me va.